¿Alguna vez se le habrá ocurrido a la gente decir que en determinado hogar se obliga al niño a beber leche o a comer carne?
Jamás escuché algo así.
Pero cuando se trata de una familia vegana… ¡Esos padres “obligan” a su hijo a ser vegano!
Generalmente, en cada hogar, adultos y niños, se alimentan de la forma en que esa familia acostumbra, y cree adecuado.
En una casa en la que se consume carne, los niños también lo hacen. Inclusive obligados.
¿Cuántos siendo niños nos hemos negado a comer carne? ¿O nos han “camuflado” los alimentos para que lo hagamos?
Con la mejor de las intenciones nuestras madres, preocupadas por las proteínas y el hierro, nos daban carne a pesar del rechazo que a los niños nos ocasionaba.
En nuestra familia, somos todos veganos. Incluida nuestra niña.
Cada vez que ella pregunta de dónde proviene su comida, no nos vemos en situaciones contradictorias.
No hay nunca en su plato el cadáver de un ser sintiente.
Las costumbres, las tradiciones, los valores, entre otros, determinan la forma en que una familia vive, y se alimenta.
Como la sociedad está acostumbrada a que lo habitual sea alimentarse con animales y sus derivados, una alimentación vegana o basada en plantas resulta rara, diferente, y es cuestionada. Sin detenerse a pensar, a informarse, para entender que otras formas de alimentación, libres de crueldad son posibles, e incluso, más saludables y sostenibles.
Como familia vegana llevamos una alimentación libre de productos de origen animal, y lo más común, es que nuestros hijos, se alimenten de igual manera.
Basándonos en lo establecido por la Academia de Nutrición y Dietética (ex Asociación Americana de Dietética):
«La dieta vegana es adecuada en todas las etapas de la vida, incluyendo embarazo, lactancia, infancia, adolescencia, vida adulta y vejez, así como para los atletas»
Esta postura también es compartida por organismos como el Servicio Nacional de Salud Británica y las Asociaciones Dietéticas de Australia, Canadá, Reino Unido, y Países Nórdicos, entre otros.
Invito a reflexionar sobre este tema, dejar de lado las críticas y juzgamientos, y a revisar las costumbres, que están ahí “porque sí”, “porque así siempre fue”, y a abrir la mente, y sobre todo, el corazón.